"El Caballo de Troya" al estilo Pancho Villa

11 de mayo

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Antonio Ozaeta.

Transcurría la etapa de la Revolución Mexicana, cuando en ese entonces las fuerzas federales estaban tomando terreno en varias partes del país incluyendo el estado de Chihuahua, por lo que Ciudad Juárez y su frontera representaba un diamante de la corona en ese momento.

Francisco Villa lideraba a miles de villistas a lo largo de todo México, tenían un gran poderío en soldados pero carecían de armamento siendo esto causante de varias derrotas consecutivas.

Pancho Villa, amado y odiado por algunos era un personaje sumamente contradictorio; Por un lado fue un personaje crucial en el justo reparto agrario a miles de campesinos que pedían un patrimonio en un pedazo de tierra y por otro lado son por todos conocidas sus historias de bandido, asesino y violador, autor de un sin fin de fechorías.

Claro está que a pesar de esto, es un personaje icónico y legendario de la historia de la formación del México valiente y libre, ese México que consiguió romper las cadenas de la esclavitud reinante y alzar la voz por la justicia agraria y campesina, que décadas después encontraría un poco de consuelo y esperanza.

Uno de los más épicos episodios de los andares de Villa por tierras chihuahuenses es aquel que suele compararse con el Caballo de Troya, aquel suceso que Homero relata en su Odisea y que involucró la elaboración de una gigantesca figura de Madera ecuestre, que sirvió como escondite a los griegos para entrar inadvertidos a los patios de Troya.

En el caso de Villa no fue figura de ningún tipo, lo que sucedió fue que el comandante ideó un plan astuto. La historia cuenta que interceptó el tren que llevaba a las tropas federales hacia el sur de Chihuahua y subió a sus hombres a los vagones, todo esto de la forma más discreta pues nadie se enteró del secuestro del tren.

Villa se hizo pasar por un miembro de las fuerzas federales y mandó un telegrama a Ciudad Juárez para avisar que el tren regresaría porque se encontraban unas vías destruidas. Cuando el tren llegó a la ciudad, de su interior salieron los villistas y sin muchas complicaciones tomaron la ciudad.

Cuando llegaron los soldados de Villa, los federales estaban completamente absortos, jugando a las cartas, en burdeles o bebiendo de manera apacible. Fue entonces cuando los hombres ocultos retomaron su cualidad de combatientes y arrasaron con las fuerzas federales.

Sin duda este capítulo es uno de los más memorables de la Revolución. Las hazañas de Villa y su naturalidad quedaron plasmadas en ocurrencias estratégicas que resultaron decisivas cuando, once años después de iniciada la lucha, la revolución concluyó.

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